LA ORACIÓN QUE DIOS OYE

Por Marlon Retana.

Muchas personas alrededor del mundo creen en el poder de la oración, y ciertamente la oración es poderosa, mas cabe destacar que la Palabra de Dios nos enseña que Él no oye las oraciones de todos, sino solo la de los justos, y vamos a estudiar brevemente acerca de esta afirmación que acabo de hacer.



Leamos una porción de los eventos relacionados con el hombre ciego de nacimiento al que Jesús abrió los ojos, tal como es relatado por el apóstol Juan,

“Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador. Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos. Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea. Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye [énfasis añadido, MR]. Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer. Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron”
(Juan 9:24-34, RVR1960).

El apóstol Juan nos informa de la conversación que hubo entre el hombre ya no ciego y los fariseos. Los fariseos buscaban maneras de mostrar que Jesús no era quien la gente decía ser. Ellos buscaban mostrar que iba en contra de Dios, mas sabemos que quienes estaban en contra de lo que Dios realmente dice eran ellos. Muchos líderes religiosos hoy en día no son tan diferentes de los fariseos de entonces. Ellos consideraban a Jesús un pecador. Ellos consideraban al hombre un pecador, incluso los discípulos de Jesús lo consideraban así, tal como el apóstol Juan nos lo hace saber al inicio del capítulo. Este hombre les hace saber, con confianza en si mismo, que él no sabe si Jesés es pecador o no, pero lo cierto es que le abrió los ojos. ¿Por qué es esto importante? El inspirado escritor nos lo hace saber en el versículo 32, “Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego”.

Jamás en la historia de la humanidad se había confirmado que alguien que hubiese nacido ciego pudiese ser curado y dado el don de la vista.

William Cheselden fue un cirujano británico, que también enseño anatomía y cirugía, y escribió “Anatomy of the Human Body” (Anatomía del Cuerpo Humano, 1713) y “Osteographia, or the Anatomy of the Bones” (Osteografía o la Anatomía de los Huesos, 1733). En 1728, “él restauró quirúrgicamente la visión de un ciego y diseñó un método de tratamiento para algunas formas de ceguera en el que una abertura, creada por la cirugía, funcionaba como una ‘pupila artificial’”[i].

Cómo el hombre ya no ciego señalo, y la historia nos afirma, entre la creación del mundo y la cirugía efectuada por el Dr. Cheselden, solamente Jesucristo había llevado a cabo tal milagro. Nuestro Salvador no requirió de herramientas avanzadas ni múltiples horas de operación, él simplemente, “escupió en tierra, e hizo lodo con la saliva, y untó con el lodo los ojos del ciego, y le dijo: Ve a lavarte…” (Juan 9:6-7).

Este hombre hizo una afirmación que los fariseos no tenían forma alguna de negar, “Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye”. Esto lo sabían muy bien estos hombres siendo líderes religiosos y estudiosos de la ley. El sabio Salomón escribió, “Jehová está lejos de los impíos; pero él oye la oración de los justos” (Proverbios 15:29). También escribió, “El que aparta su oído para no oír la ley, su oración también es abominable” (Proverbios 28:9).

Ambos pasajes afirman lo que el hombre dijo a los fariseos. Él no sabía si Jesús era pecador o no, y eso era algo que, para él, en ese momento, no tenía importancia. Lo que era importante es que se le había otorgado el don de la vista y que ciertamente, si nadie en la historia lo había podido haber llevado a cabo antes, el que lo hizo ciertamente tenía la potestad de Dios para hacerlo. En las líneas siguientes, el apóstol Juan relata como este hombre se reencuentra con Jesús, y este le pregunta si él cree en el Hijo de Dios, él le responde que desea saber quien es y Jesús le dice, “Pues le has visto, y el que habla contigo, él es” (Juan 9:37). Este hombre creyó y le adoró.

El medio hermano en la carne pero hermano completo en la fe de nuestro Señor escribió, “La oración eficaz del justo puede mucho” (Santiago 5:16). Muchas personas en el mundo oran, sin embargo, sus oraciones no son escuchadas por Dios porque ellos no son justos. El libro de Romanos, escrito por el apóstol Pablo, nos enseña acerca de como podemos ser justos, y la respuesta es “en Cristo”. Solamente en Él podemos ser justificados.

“Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo; por quien también tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y nos gloriamos en la esperanza de la gloria de Dios”
(Romanos 5:1-2).

Esta fe a la que se refiere el apóstol no es solamente decir que creemos en Cristo, sino obedecerle y hacer lo que es requerido para estar en Él. Más adelante el mismo escritor dice,

“¿O no sabéis que todos los que hemos sido bautizados en Cristo Jesús, hemos sido bautizados en su muerte? Porque somos sepultados juntamente con él para muerte por el bautismo, a fin de que como Cristo resucitó de los muertos por la gloria del Padre, así también nosotros andemos en vida nueva”
(Romanos 6:3-4).

Las palabras de nuestro Señor son recopiladas por el apóstol Juan, “Si me amáis, guardad mis mandamientos” (Juan 14:15). Él ora por nosotros (Juan 17:20-21), y nos enseñó como orar (Mateo 6:5-13). Jesucristo, el justo que padeció por los injustos (1 Pedro 3:18) para que hoy tengamos la oportunidad de ser llevados a Dios por Él.

Amado lector, para que Dios escuche tus oraciones tienes que ser una persona justa de acuerdo a lo que Él ordena en Su Palabra. Siendo justo, tu oración ciertamente será poderosa y eficaz. Si no estás en Cristo, no eres justo, mas aun estás a tiempo de hacer lo que es debido. Si ya lo estás, pero no andas conforme a Su palabra, puedes arrepentirte y confesar tus faltas porque Él “es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad” (1 Pedro 1:9).

Como el hombre que ya no es ciego dijo, seamos temerosos de Dios y hagamos Su voluntad, y así, sin duda alguna, sabremos que Él oye y oirá nuestras oraciones.

¡Dios te bendiga!

[i] William Cheselden, Encyclopaedia Britannica, https://www.britannica.com/biography/William-Cheselden

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