ANTES DE DORMIR…

¿Cuántas veces has orado hoy? ¿Una, tres, cinco, más? ¿Cuánta fe haz puesto en tu oración? ¿Te has tomado el tiempo de estar a solas y simplemente hablarle a Dios?

El apóstol Pablo escribió a los hermanos en Tesalónica,

“Orad sin cesar. Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús” (1 Tesalonicenses 5:17-18).

Orar no se trata solo de pedirle a Dios, sino también de agradecerle por todo lo que Él nos da. Incluso por aquellas cosas que a nosotros no nos parecen ser bendiciones. ¿Se le daño el auto? ¿Tuvo que viajar en un bus sin aire acondicionado? ¿Le pidieron que hiciera horas extra en el trabajo para corregir algo que no fue error suyo? ¿Alguien le miró feo? Todas  estas cosas son parte de la vida, pero lo hermoso de la vida cristiana es que sabemos hacia donde vamos. No debe haber duda en nosotros de saber que Jesús fue a preparar un lugar para nosotros (Juan 14:1-4). ¿Acaso necesitamos una razón adicional para agradecer a Dios más que la esperanza de la vida eterna en el cielo con Él? Vivamos el día a día, y demos gracias a Dios por ello. Hay muchos que hoy no despertaron, y tristemente, muchos de ellos no contaran con esa bendición.

El Salmo 4 es una hermosa oración de confianza por parte de David hacia nuestro Padre celestial. Me encanta la forma en que lo cierra,

“En paz me acostaré, y asimismo dormiré; porque solo tú, Jehová, me haces vivir confiado” (Salmo 4:8).

Amados hermanos y lectores, se que en nuestra congregación tenemos el hábito de orar cada martes y jueves a las 8:00pm. A algunos quizás se les olvide, pero no a todos. Nuestras oraciones a Dios no deben ser solamente dos a la semana, sino muchas, constantes, y cada día, y que hermoso es saber que, después de un largo día, podemos dedicar unos minutos para hablar con nuestro Padre celestial, teniendo la misma confianza que David para decir, que nos acostaremos y dormiremos, en paz, porque Dios nos permite vivir confiados.

Recordemos las enseñanzas de nuestro Salvador, como sus parábolas que nos enseñan valiosas lecciones de vida. En la parábola de la viuda y el juez injusto nos enseña acerca de la necesidad de orar siempre y no desmayar (Lucas 18:1-8). Él cierra la misma con estas palabras,

“¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” (Lucas 18:7-8).

Este mundo necesita de hombres y mujeres de fe. Nosotros somos esas personas que el mundo necesita. Seamos como Daniel, arrodillémonos y oremos, tres veces al día, (Daniel 6:10) y por qué no, muchas veces más. No temamos por lo que el mundo piense de nosotros, ni lo que nos pueda hacer, porque con Cristo somos más que vencedores. Confiemos en Dios, hablemos con Él, escuchémosle a Él a través de Su sagrada palabra, la Biblia. Meditemos en nuestros corazones. Demostrémosle nuestra gratitud no solo de palabra, sino también de hecho. Vivamos acorde a como Él nos ha llamado, y disfrutemos de la hermosa bendición que nos ha dado a la que llamamos vida. Finalmente, ¿has orado hoy?

¡Dios te bendiga!

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