DEJEN QUE LA TIERRA DESCANSE

A través de la historia, Dios ha usado la Tierra para proveer al hombre la satisfacción de todas sus necesidades físicas. Desde el principio de la existencia del hombre en este planeta, Adán y Eva comieron el fruto de la tierra y sembraron cultivos. De hecho, cuando Dios castigó a Adán por pecar, su castigo involucró el trabajo duro en el campo. Desde el tiempo de Adán hasta el presente, la materia prima más valiosa del hombre ha sido la tierra. Sin una tierra fértil, los cultivos no pueden crecer, los animales no pueden pastar y los humanos no pueden alimentarse.

Dios siempre ha sabido lo importante que es que el hombre tenga una tierra fértil. Por esta razón, Él dio a los hijos de Israel instrucciones específicas de la manera en que se debía cuidar de la tierra. Moisés escribió en Levítico 25:3-5: “Seis años sembrarás tu tierra, y seis años podarás tu viña y recogerás sus frutos. Pero el séptimo año la tierra tendrá descanso, reposo para Jehová; no sembrarás tu tierra, ni podarás tu viña. Lo que de suyo naciere en tu tierra segada, no lo segarás, y las uvas de tu viñedo no vendimiarás”. Pero ¿qué pasaría con la tierra si los hijos de Israel (o cualquier otro pueblo) no prestaban atención al cuidado de la tierra? La zona semidesértica norteamericana de la primera parte del siglo XX provee una respuesta adecuada para esta pregunta.

Al comienzo de la década de 1930, varios estados del oeste de Norteamérica comenzaron a tener problemas serios de producción agrícola. Al final de la década de 1920 hubo una gran demanda de trigo, y muchos agricultores en Oklahoma, Texas, Nuevo México y Kansas sembraron cultivos año tras año. Lo que no tuvieron en cuenta en sus prácticas de agricultura fue el hecho que la tierra no podía mantener el crecimiento del cultivo repetidamente sin un periodo de rejuvenecimiento. Los nutrientes y bacterias (específicamente las bacterias que organizan el nitrógeno) necesitaban tiempo para ser reemplazados porque habían sido quitados de la tierra debido al ciclo interminable de cultivo y siega. Pero los agricultores no concedieron a la tierra ese tiempo precioso y, como resultado, la hierba que normalmente crecía en el campo para proteger a la tierra de la erosión no pudo realizar su trabajo. Cuando se agravó el problema a causa de una sequía severa y vientos peligrosos en esa región, la tierra estaba demasiado débil y frágil como para mantenerse a sí misma o a su cultivo.

Las ráfagas de viento de 50 millas por hora arrasaron el área, causando borrascas polvorientas que llenaron las casas, destruyeron equipos valiosos de agricultura y barrieron millones de toneladas de capas superficiales del suelo. La gente se refirió a ese tiempo y lugar en Norteamérica como la “Cuenca de Polvo”. Pocas épocas en la historia de los Estados Unidos se asemejan a la Cuenca de Polvo por su destrucción, depresión y pobreza total. Tristemente, se pudo haber evitado esta desesperación y sufrimiento si los habitantes de los estados de la Cuenca de Polvo simplemente hubieran obedecido los mandamientos de Dios de permitir que su tierra de la cual se jactaban tuviera un “tiempo de reposo”. ¿Por qué es difícil que los humanos escuchen y obedezcan a su Creador?

Autor: Kyle Butt

Referencia: http://espanol.apologeticspress.org/espanol/articulos/3678

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